Recientemente he estado hablando con algunos estudiantes universitarios de la generación del 2000 en mi país. Descubrí que no solo tienen un bajo deseo, sino que ya no tienen deseos, esa sensación de no querer nada. No solo no tienen esperanza para el futuro, sus cuatro años en la universidad han sido increíblemente opresivos, y el mercado laboral al graduarse es de un nivel desesperante. Hay una frase que dice bien, la esencia del ser humano es el producto del entorno y la época. El tipo de época en la que uno crece, y dónde, determina directamente quién es una persona y cómo piensa. Siento bastante compasión por ellos, pienso que si yo fuera un estudiante universitario que se gradúa este año, en el fondo también me costaría ser optimista, y cada día estaría escapando de la realidad en el mundo del móvil.